Ilustre, poeta, diplomático. Estos son los títulos que algunos Centros Sociales le atribuían a Isaías Rodríguez al presentarlo en eventos, conferencias o simplemente a la hora de citarlo. De cierto, la Embajada venezolana, incapaz de imprimir un pasaporte, cumplió las funciones que el Régimen  siempre quiso: apoyar todo el proselitismo directo e indirecto que se pudiese hacer para lavar la reputación del régimen y difundir absurdas teorías de conspiración en el universo de la extrema izquierda italiana que justificasen el fracaso del régimen de Maduro. Cabe destacar que para ello fue malversado, como siempre, el dinero de los venezolanos, el mismo que hoy dicen no tener a disposición para pagar tres meses atrasados en el alquiler de la embajada.

Con una gestión plagada de omisión y corrupción, Isaías Rodríguez, decide abandonar una Embajada disfuncional. En el ejercicio de su cargo sería un buen reflejo de la administración de Maduro en Venezuela. Despilfarro, propaganda, lujos y el abandono total de la comunidad venezolana residente en Italia. Esto, que ya sabíamos, no obedece al punto central del presente artículo, pero era necesario subrayar cómo los venezolanos recordarán a uno de los alcahuetes más grandes que tuvo el chavismo.

Sí, un alcahuete. Porque así como fue copartícipe en la instauración de una constituyente cuyo único objetivo habría sido el de prolongar la estadía de Maduro en el Poder demoliendo el residuo de las instituciones venezolanas, el exembajador no puede irse sin aclararnos algunos episodios poco claros en los que el chavismo y la criminalidad organizada se juntaron para silenciar impunemente a dos personas que “sabían mucho” y luego pudieron contar con el encubrimiento, despistaje y complicidad del mismísimo Rodríguez quién, para ese entonces, estaba a la cabeza de la Procuraduría General de la Republica.

Paradójicamente, en su carta de renuncia, Isaías Rodríguez se dirige a Maduro con la siguiente frase “(…) Sepa usted, Presidente, que sigo senderos  rectos como los de una lanza”. Dicha afirmación seguramente hizo revolcar a Mauro Marcano y a Danilo Anderson en sus respectivas tumbas. Ambos, asesinados entre Septiembre y Noviembre del año 2004 por parte de mafias asociadas a elementos que, desde el Estado venezolano, querían silenciar algunas verdades incómodas para la cúpula chavista y sus negocios turbios. Posteriormente, ambos casos habrían llegado al entonces Procurador General quién se esforzó asiduamente en cubrir el involucramiento de los funcionarios del chavismo en ambos asesinatos.

Desde omitir elementos relevantes en ambos casos, hasta el reclutamiento de un testigo falso en el caso de Danilo Anderson, Julián Isaías Rodríguez se convirtió en el mejor alcahuete que tuvo la delincuencia organizada venezolana que, en el nombre de la revolución, burló el peso de las leyes y de la justicia. Como todo un maestro en impunidad, Rodríguez es conocido en España por haber ocultado el expediente de un terrorista de la ETA ingresado en territorio venezolano y refugiado bajo el amparo del chavismo. El periódico El País intentó contactarlo en distintas ocasiones para entrevistarlo sobre este último caso, pero el exembajador nunca respondió las llamadas.

¿Tendrá algo que aclarar Isaías Rodríguez? Esperemos que lo haga pronto. Que no se vaya antes de rendir cuentas. Al menos, antes de abandonar el barco de una revolución que se hunde poco a poco y de la cual se transformó en el gran alcahuete frente a los casos de Mauro Marcano y Danilo Anderson que Quince años después siguen quedando impunes. Anderson, Marcano y toda Venezuela hoy son víctimas de quien, ya sea en los casos mencionados, ya sea en la constituyente, decidió estar siempre del lado incorrecto de la historia para luego intentar escapar de la misma como lo hizo de Caracas, de Madrid y ahora de Roma.