Mucho pudiera contar acerca del exilio venezolano como persona que lo vive y siente; pero hay cosas que basta solo observar para saber qué dicen algo. Y son los rostros de las personas que han tomado la dura decisión de irse de su comodidad, de su entorno filial y demás cosas que te hacen perteneciente a una nación.

Pudiese decir que somos marcados socialmente en los paises latinos como una plaga que llegó para quedarse, para apropiarse de trabajos, para romper costumbres y en algunos casos destruir familias por la curiosidad de lo ajeno.

Sin embargo poder aseverar esto, es encasillarnos a todos en el mismo nicho. Decir que todos somos iguales y que buscamos lo mismo ¡pues no! Somos gente que llevamos por dentro nuestra cruz y se refleja en la caras cansadas luego de jornadas de trabajos que superan las 12 horas y que son pagadas en su mayoría en menos de 15$ en promedio. Pudiendo ser casi una hora de trabajo en un país de primer mundo lo que hace un venezolano en un país latino.

Sin embargo toca en muchos casos apretar los dientes y aguantar hambre mientras tenemos una sonrisa y atendemos a un cliente en un restaurante, porque a veces ni una comida nos dan, porque nos pagan en efectivo la jornada trabajada.

Laborar en estas condiciones puede ser hasta peligroso. Pero nos rebuscamos como sea, para que la plata nos rinda, bien sea para el arriendo, los servicios, comer ¡y ya! Mandamos a Venezuela lo que sobró y quedamos satisfechos porque cumplimos.

Sin embargo desde dentro de Venezuela existe la percepción que él que se fue, plata tiene. Sino “¿cómo hace para estar en mall, comer en restaurantes o visitar algún sitio bonito?” déjenme decirles que esto puede darse una o dos veces al mes, por lo general en sitios que son cercanos a nuestros trabajos, también poder comer en establecimientos donde trabaje algún pana o el sitio lugar que nos queda relativamente cerca y por lo general la entrada es gratis.

Eso sí. En las fotos salimos relucientes ¡felices! Teniendo miles de preocupaciones o pendientes por hacer (por dentro). Recuerdo claramente la cara de una chica que vende café con carrito ambulante, algo dubitativa, quizás perdida y a todas luces era Venezolana; una de esas que debe tener a alguien a quien mantener o velar por su futuro y que sin embargo sale todos los dias con su termo de café a buscarse la vida.

También existen esos padres con niños en brazos que sin ningún pudor en un semáforo y un cartel colgado incitando a la lastima y por ende haciendo dinero a costa de la explotacion infantil. Esos rostros no reflejan ningún esfuerzo alguno y de los cuales no me siento orgulloso como venezolano. En mi caso reciente pase 11 meses trabajando sin descanso, mi cabello se lleno de mas canas y me salieron manchas en la cara.

Somos felices con lo poco, comer, dormir, podernos comunicar con nuestras familias, probando sabores muy similares a los de la tierra o simplemente conociendo nuevos lugares. Es en esos momentos que se nos ilumina la cara y es un poquito de gasolina para seguir andando.

El desgaste en nuestros rostros, miradas perdidas, secretos por dentro y años que se aceleran en nuestro calendario, cuando apenas son dias los que pasan. La madurez se nos desarrolla y las vivencias se nos acumulan, para brindarnos enseñanzas enormes de vida, que en mucho de los casos se refleja en los rostros del exilio.