LOS QUE NOS FUIMOS

Nosotros los cobardes, los que no quisimos luchar. Los que tenemos una mejor vida y estamos luciendo lo que hacemos y comemos constantemente en las redes. ¡Si! Los que criticamos a los que se quedaron por ser sumisos y soportar tanto desastre en Venezuela. Así nos dicen algunos desde Venezuela.

Tenia casi 10 meses sin escribir, pero hacerlo nuevamente seria con un tema que realmente me moviera. Y es este… los que nos fuimos. ¿Porque hablar de irnos? Es para dar los dos puntos de vista de cómo vivimos nuestro éxodo y como nos ven quienes se quedaron.

Los que nos fuimos somos constantemente criticados y al mismo tiempo alabados; resulta extraño pero es así. Tomamos la decisión más difícil; empezamos de cero y nos ha tocado ser exitosos o fracasados. ¿Y es acaso también no sentimos? sufrimos cuando no podemos comunicarnos con familiares y amigos cuando hay apagones de horas prologadas. Tenemos la mente en Venezuela cada vez que una fecha se convierte en una suerte de una eterna esperanza de que pasará algo; nos ilusionamos y pensamos que sería definitivo de la mano de los Capriles, Rosales, Allup y con el ahora Guaidó.

Para luego pasar por el guayabo… la decepción, porque no se logró (otra vez). Hasta planes de volver se nos vienen a la mente, ¡ojo! no nos queremos quedar definitivamente en donde estamos, queda en el fondo esas ganas de volver. Nos preocupamos por si comen o no familiares y amigos en Venezuela. Callamos, ya que sabemos que son muchos quienes la están pasando mal y no podemos ayudarlos a todos. Lloramos en silencio, orando y pidiéndole a Dios volver pronto y que todo se acabe de una buena vez.

Queremos opinar, pero somos juzgados. Queremos hacer, pero estamos de manos atadas. Queremos proponer, viendo las cosas desde otro punto de vista y nadie nos entiende. Somos la sumatoria de todo lo bueno y lo malo de Venezuela en el exterior. Y somos sometidos a ese escrutinio por nuestro comportamiento, NO TODOS SOMOS IGUALES para ser tratados de mala manera. O cuestionados por ovejas negras aisladas (que hay en todos los países), existen los que en un semáforo dan lastima con un cartel y vivir de la limosna pudiendo trabajar honradamente.

Soportamos el no tener legalidad y eso se convierte en zozobra que nos estresa. Le encomendamos a Dios diariamente para no enfermarnos; porque la salud es costosa en el exterior y el servicio carece de humanidad… algo que tanto extrañamos.

Pero… aja, esta es la realidad que elegimos. No tenemos fronteras, estamos regados en el mundo esperando el milagro. Esperanzados cada día, porque lo vivimos como si fuera el último. Tenemos miedos, algunos ya los he descrito; pero uno de los mayores temores que vivimos es que llegue la muerte de un familiar muy cercano y no poder hacer algo al respecto… o al menos despedirnos.

Nos convertimos en individuos sin patria; papas sin hijos, abuelos sin nietos… familias separadas.