This panoramic view made with several pictures shows Chacao neighborhood during a power cut in Caracas on March 7, 2019. - The government of Nicolas Maduro denounced a "sabotage" against the main electric power dam in the country, after a massive blackout left Caracas and vast regions of Venezuela in the darkness. (Photo by Matias DELACROIX / AFP)

Desde el jueves a las 4.30 hasta hoy, Venezuela cumple almenos 65 horas sin luz. Las fuentes oficiales indicaron que el problema se habría originado a partir de una falla en la planta hidroeléctrica de El Guri, la cual, como bien sabemos, alimenta el 70% de la energía eléctrica que demanda el País. Como siempre, las fuentes oficiales cercanas al régimen hablaron de un sabotaje ante lo cual, como de costumbre, Guaidò desmintió comentando el despilfarro de más de 100.000 millones de dólares invertidos en solucionar la emergencia del sector.

El saldo de la trágica jornada a la cual fueron sometidos Catorce estados del País se cuenta a partir de las pérdidas millonarias en el sector alimentario hasta el deceso de aproximadamente 79 personas internadas en los hospitales del País. Por su parte, la perdida de alimentos por causa de la falta de electricidad, es intolerable en un País que ya sufre el 67% de escasez, pero lo más doloroso termina siendo siempre aquello que se relaciona directamente con la vida humana. No imagino cuán difícil fue para médicos y familiares, ver fallecer a un ser querido por causa de una crisis absurda, cuyos culpables siguen ahí, sin que se les haga justicia.

Ante tal escenario, no queda más que intentar comprender si existe o menos una razón detrás de la humillación a la cual fue sometida buena parte del País desde 7 de Marzo. Lo sucedido y sus consecuencias nos ofrecen dos hipótesis que confrontaremos a continuación.

i) Ineficacia. La primera hipótesis nos conlleva a lo empírico. A una inmediata lectura del apagón como consecuencia de una gestión caracterizada ya sea por la incapacidad, ya sea por la corrupción de sus actores. Ante ello, podríamos hablar con ironía de los 100.000 millones de dólares invertidos para solucionar la crisis eléctrica y la situación actual de uno de un sector que se ha convertido en un gigantesco hoyo negro para nuestra administración pública. Casi 72 horas de apagón no serían más que el resultado de toda esta trágica ecuación.

ii) Experimento. La segunda hipótesis no se limita a ver el apagón como una consecuencia más de la desastrosa gestión bajo la cual ha sido sometido todo el sector hidroeléctrico. Sin dejar a un lado el tema de la ineficacia, el apagón puede ser visto desde una perspectiva instrumental bajo la cual se pretenda humillar, debilitar, y por último, desmoralizar a la población.

La situación actual en Venezuela nos invita a no detenernos ante la primera hipótesis, pues que el apagón más grande la historia suceda en el momento de mayor tensión política de las últimas dos décadas, debe tener un sentido que vaya más allá del mero incidente debido a la ineficacia.

El efecto que el mismo apagón causó en la opinión pública y en las redes sociales confirma, en buena parte, la segunda hipótesis. Cientos de opiniones achacaban parte de la responsabilidad al mismo Presidente ad interim Juan Guaidò, otras tantas desacreditaban la convocatoria a la marcha del día siguiente y, por último, algunos parecían haber perdido la paciencia frente a la agenda de la Asamblea Nacional llegando a comparar el presente intento de restablecer la democracia con todas aquellas ocasiones en las cuales la oposición venezolana ha fallado la cita con la historia.

Estas reacciones parecen haber comprobado el cómo una falla eléctrica duradera tuvo un objetivo tan preciso como el de poner a prueba el temple y el ánimo de la población. Hay que admitir que en parte Maduro logró su cometido. En 24 horas logró poner de cabeza el ánimo de la población y, para un sector, el mismo Guaidò se encuentra en el banquillo de los culpables por no haber invocado una inmediata intervención militar como si éste último fuese el Comandante en Jefe de la Marina estadounidense.

Sin subestimar el dolor y la desesperación causados por la emergencia provocada, es preciso señalar que si el desánimo se apodera de la opinión pública, si la desesperación rompe la continuidad de una agenda que hasta ahora ha funcionado y si convertimos a Guaidò el chivo expiatorio del malestar que vive la población, entonces el experimento social de Maduro habrá funcionado y, como en otras ocasiones, seremos cegados por el inmediatismo a la venezolana.

Concluyo solo recordando que nunca antes se había estado tan cerca, que desde la Asamblea Nacional se ha dado todo y el Pueblo ha respondido de forma asertiva. Por el resto, si aún no se ha dado una intervención militar en Venezuela no se debe a que Juan Guaidò no la haya ordenado, si no por dos factores como lo son:

i) La falta de acuerdos en el Consejo de Seguridad de la ONU y;

ii) El re-equilibrarse de fuerzas a nivel internacional que impide que los EEUU actúen de forma unilateral sin esperarse una respuesta por parte de otras Potencias como Rusia y China.

Estos factores no descartan del todo la intervención, pero sí la obstaculizan o la retrasan, pues obligan a los EEUU a tomar en cuenta ciertas variables que, a finales del siglo anterior no hubiesen entrado en su cálculo de consideraciones por hacer.

En pocas palabras, al decir “vamos bien!” nadie quiere decir que el trabajo esté terminado o que el adversario haya sido vencido, sino que nunca antes se había estado tan cerca. Al ir bien también se puede decidir si continuar o detenerse. El trabajo hecho hasta hoy podría lanzarse por la borda si la población se desanima y resurgen las divisiones internas o podríamos continuar el recorrido que hasta ahora ha dado buenos resultados sin desanimarnos pero sin perder aquella dosis de sano realismo que nos permita discernir en qué parte de la historia nos encontramos.