Ahora que hacemos?AREZZO – Desde la noche del atentado en París nuestra vida de europeos ha cambiado. Asi como la de los norteamericanos después del 11 de septiembre 2001, nuestra vida diaria de habitantes de esta parte del charco comienza a no ser “normal”. La queremos llamar guerra? La tercera mundial? El Papa Francisco así la llamò el otro dìa en su mensaje dominical, asì como lo hicieron tantos otros líderes del globo. Sólo que esta vez no saldrán ejércitos armados a combatir y dejar su sangre en tierras lejanas. Esta vez el ataque es “a domicilio”, lo hacen en nuestra casa y aquì mismo se responde. El enemigo no tiene uniformes que los distinga, no son reconocibles como “diferentes” (no son barbudos, morenos con túnicas blancas) sino al contrario, hasta se nos parecen físicamente! Son jóvenes que nacieron en su mayoría en Europa, hijos de emigrados pero también europeos convertidos a una causa demencial. Son radicales que se hacen pasar por musulmanes pero NO LO SON. Son enfermos mentales, trogloditas culturales, asesinos.

Qué hacemos? nosotros: seguir viviendo. Las autoridades polìticas sacaran sus estrategias de seguridad. Los ejércitos los buscaràn hasta anularlos.

Pero nosotros no debemos tener miedo. Cerrarnos en casa serìa como decidir “no salgo a la calle para no tener un accidente de trànsito”. Absurdo.

Estamos a las puertas del Jubileo de la Misericordia, fiesta extraordinaria promulgada por el Papa. El 8 de Diciembre iniciarà el Ano Santo en Roma. Millones de personas participaràn directa o indirectamente a la reflexiòn de los  conceptos de Misericordia y Solidariedad, virtudes fundamentales para la humanidad de hoy.

Italia, que alberga en su interior al Vaticano, no puede mostrarse contradictoria: por un lado con un discurso de ayuda al pròjimo y por el otro mandando bombas en busca de terroristas en Siria e Iran. Esta es una de las razones por las cuales Italia no participa directamente a los bombardeos.

Por otro lado quiero hacer conocer y aplaudir un gesto de civilizaciòn que en estos momentos dramàticos pudo pasar desapercibido. Los senores Solesin, venecianos, perdieron a su hija, Valeria, en el atentado al Bataclan. La chica era una universitaria, investigadora de la Sorbona. Muriò con dos balas. Desde esta manana la estàn velando en el Municipio de Venecia y manana seràn los funerales en la Iglesia de San Marcos. Lo que es de notar es que los padres pidieron que puedan asistir a personas de cualquier religiòn y credo a las funciones. Estos senores no dijeron una sola palabra en contra de grupos étnicos, en contra de los musulmanes, ni contra refugiados. No! Estos senores con una serenidad y sabidurìa majestuosas, han aceptado el destino cruel conscientes de que delante de gente sin escrùpulos somos inermes, desarmados y sobretodo no valen generalizaciones.

 

 

 

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