El 23 de Enero vuelve a marcar un antes y un después en los tiempos políticos de nuestro País. Bajo la sombra de aquella fecha simbólica en la cual los estudiantes del ’58 decidieron salir a las calles hasta lograr el derrocamiento del Gral. Marcos Pérez Jiménez, dictador de aquél entonces, el Pueblo de Venezuela ha decidido volver a expresar su descontento frente a la tiranía de Nicolás Maduro.

Ante una Juramentación caprichosa con la cual Nicolás Maduro rompió el hilo constitucional decidiendo jurar ante un Tribunal Supremo de Justicia monocolor compuesto en su totalidad por militantes del PSUV, en cambio de hacerlo ante la Asamblea Nacional como lo dispone la Constitución en su art. 231, la oposición venezolana representada en el Parlamento decidió desconocer a Nicolás Maduro como Presidente de la República declarando un vacío de Poder a través de la Falta Absoluta como lo dispone el artículo 233 de misma Carta constitucional. Sucesivamente, fueron convocados una serie de Cabildos en los cuales fue tomando cada vez más forma y consistencia aquello que había comenzado como una suposición y terminó convirtiéndose en una realidad.

Tales Cabildos fueron acompañados por multitudes de venezolanos que dieron vida a una esperanza cada vez mayor. Incluso en las ciudades más pequeñas los ciudadanos acudieron en masa a aquellos encuentros que hicieron posible la canalización del descontento en un movimiento organizado y capaz de transformar la aspiración y la voluntad popular en hechos concretos. Mientras tanto, las represalias por parte de quienes aún ocupan de forma arbitraria el Palacio de Miraflores contando para ello con una cúpula cada vez más estrecha a lo interno de las Fuerzas Armadas, no se hacían esperar. Amenazas, persecuciones, detenciones y asesinatos formaron el clásico repertorio con el cual el régimen respondió al descontento que iniciaba a desbordarse antes de la fecha pautada.

Sin embargo, la sinergia provocada gracias a la esperanza suscitada por una Asamblea Nacional que contó con el favor de la Opinión Pública superó cada intento de intimidación haciendo posible la manifestación del día de ayer, 23 de Enero, a la cual los venezolanos asistieron desde tempranas horas para clamar unívocamente el deseo de cambio que embarga a casi la totalidad de la población.

Si bien el Mundo parecía haberse acostumbrado a una Venezuela que tiende a protestar en masa durante los primeros meses de cada año, la manifestación del 23 de enero del 2019 pasará a la historia por haber sido diferente a todas las anteriores. En la presente ocasión los venezolanos no estaban dispuestos a volver a casa con  las manos vacías. Antes bien, conscientes de que aquella oportunidad no se habría repetido en otra ocasión ni en otro contexto, decidieron echar a un lado el miedo y volcarlo hacia el otro lado. Esta vez no solo se reconocían como una oceánica mayoría, sino que sabían a donde dirigir los esfuerzos.

 

El mérito es, por una parte, de la Asamblea Nacional que logró superar el aislamiento al cual el régimen la había sometido para anclar su supervivencia al riesgoso plan de asumir las funciones del Ejecutivo en la figura del Presidente Juan Guaido, quien ante millones de manos levantadas pronunciò un emotivo juramento como presidente interino de la República. Aquella marcha habría resultado ser un Parlamento a cielo abierto en el cual el Pueblo de Venezuela respaldaba a un solo grito la decisión de asumir una Presidencia cuyas funciones habían sido  usurpadas por Nicolás Maduro, quien ha dedicado su mandato a la destrucción de las instituciones democráticas que de alguna manera le ponían un freno a su predecesor.

Considerando que las funciones del Estado fueron absorbidas por un Ejecutivo que aprovecha el progresivo debilitamiento de la población para quedarse en el Poder y que dicho Poder no es ejercido sino de manera despótica para el beneficio de una cúpula al costo del empobrecimiento de una Población a la cual le fueron despojados desde el Derecho al Sufragio hasta el plato de comida en su propia mesa, la acción de Proclamar al Presidente de la Asamblea Nacional como Presidente interino de Venezuela hasta lograr el restablecimiento del hilo constitucional queda justificada ante la urgencia de rescatar a un País cuyos habitantes no pueden seguir esperando una improbable iluminación de conciencia por parte del tirano que los oprime y les impide sobrevivir.

Por lo tanto, era necesario que la Asamblea Nacional, teniendo en cuenta la emergencia humanitaria que atraviesa la Nación tomare la decisión de hacer lo que hace alrededor de Veinte años nadie ha hecho en ese País: gobernarlo.

Queda claro, sin embargo, que los días que se avecinan no serán fáciles. La represión por parte de las Fuerzas Armadas y Grupos Paramilitares financiados por el régimen de Maduro dejó una cifra de Trece muertos y diversos heridos en las principales ciudades del País. Todo apunta a que Maduro intentará aferrarse encarecidamente al Poder y usará al máximo los pocos recursos y herramientas con los que aún cuenta. Otro detalle es que si bien, de forma espontánea, componentes de los distintos cuerpos de seguridad se han sumado a las Protestas, no ha habido algún pronunciamiento por parte de la cúpula militar a la cual se le han hecho distintos llamados para restablecer el orden constitucional.

En cuanto al Punto de vista Internacional, la asunción de las funciones del Ejecutivo por Parte de la Asamblea Nacional ha provocado distintas reacciones. Mientras el eje compuesto por Rusia y Cina ha decidido apoyar a Maduro en quien ven un interlocutor para la realización de sus intereses en el Hemisferio, los Estados Unidos seguidos de una parte consistente del Occidente han decidido apoyar la causa promovida por la Asamblea Nacional en el intento de restablecer la democracia en el País.

Las posiciones tomadas por las distintas Potencias ante la controversia han venido delineando de forma inmediata, dos Polos que se contienden las suertes de Venezuela y cuyas acciones serán determinantes para el futuro del País. Por el continente americano una clara mayoría compuesta por Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Brasil, Ecuador, Guatemala, Paraguay y Perú reconoce a Guaidò como Presidente, mientras que Bolivia, Cuba, México y Nicaragua siguen respaldando a Maduro inspirados por una cierta terquedad ideológica.  Dicha controversia ha ido más allá del continente americano y llega hasta Francia, Dinamarca, España y Japón, quienes se han pronunciado en reconocimiento al nuevo ejecutivo mientras que Irán y Turquía insisten en su apoyo a Maduro.

Retomando la perspectiva interna, la situación parece haberse definido con un Pueblo que respalda en su gran mayoría a la Asamblea Nacional y una cúpula que se aferra al Poder. Mientras en las calles de Venezuela Guaidò es considerado plebiscitariamente como el Presidente de la República con respaldo constitucional, Maduro permanece enroscado en el Palacio de Miraflores de donde habrá que desalojarlo para ofrecerle al Ejecutivo ad interim un efectivo ejercicio de la Presidencia.

En conclusión, estamos hablando de una oportunidad sin iguales por la cual hay que seguir trabajando si se quiere alcanzar la efectiva liberación de Venezuela. El Presidente ad interim deberá nombrar desde algún lugar – probablemente una embajada – a los componentes de su gobierno, a su personal diplomático. Lo cual está previsto. Además de ello tiene el arduo deber de preservar el consenso internacional sin sacrificar el consenso de la Población en un gobierno de Transición que tendrá el deber de mantener el Equilibrio en medio de una tormenta que apenas empieza.

Conscientes de que todo final alcanza niveles de drama que superan a cualquier literatura, auguremos que la cordura y la sabiduria nos acompañen al momento de construir las condiciones propicias para que la normalidad, sinónimo de estabilidad, ausente desde hace décadas, vuelva a hacerse presente en la vida de los venezolanos.